lunes, 6 de junio de 2011

Caperucita en un cuento

Un pequeño salto al aire sin pensar si luego habrá suelo bajo nuestros pies, pero un salto sin mirar al suelo para comprobarlo; sólo un salto. Luego una larga lista de cosas que hay pegada en la nevera, de esas que nunca quisiste hacer y sin embargo haces, y miles de sueños pintados en los margenes animándote a seguir por ellos.
Un pequeño grito en el silencio y luego, luego nada...porque al fin y al cabo, un grito sólo es aire. Y pensar en si quejarse y darse cuenta de que al fin y al cabo, no se está inconforme.
Yo no puse las reglas y por eso no las sigo, aunque a veces caiga presa de ellas y de las miradas moralistas de juicios a escondidas y repetitivos cuentos que todos sabemos que mienten...dejarse llevar por la corriente suena bien siempre que tenga sabor a tus labios. Y a media mañana, como quien no quiere la cosa, fumarse medio pitillo y mirar como se consume sola la otra parte; y no llorar cuando termine, ni siquiera ahora que ya no tienes el sabor de su nicotina en tu boca y esa sensación de cabeza embotellada hoy que tanto lo necesitas.
Sonreirte así, todavía exhausta de tanto hacerse lo que no se debe..perdóname por no ser como el resto, por defraudarte siendo yo misma, perdóname por no mentirte, casi hubiese sido preferible morir con una máscara puesta.
Y por la noche pensar que es preferible nunca empezar algo que no sabes como terminar, porque los finales siempre te alcanzan antes de darte cuenta.
Las malas personas no se enamoran, o tu crees que el lobo feroz se enamoró de caperucita?


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